ENTREVISTA EXCLUSIVA CON DAVID LISNARD, ALCALDE DE CANNES Y PRECANDIDATO A LA PRESIDENCIA DE FRANCIA
"Javier Milei ha demostrado concretamente que el liberalismo puede funcionar"
El alcalde de la pequeña pero famosísima ciudad de Cannes, y líder de la Asociación Nacional de gobernantes locales en su país, impulsa una amplia reforma territorial del estado francés y encuentra en Javier Milei una fuente de inspiración. Lanzó su candidatura presidencial para suceder a Macron, y pretende hacerlo desde una amplia coalición de derecha, pero con una premisa: los conservadores franceses deben abandonar su viejo enamoramiento con el "social-estatismo" y adoptar un programa libertario de ruptura para sacar a su país del estancamiento económico y geopolítico.
Por Julio Burdman
11 de mayo de 2026
En las recientes elecciones municipales de Cannes usted obtuvo un resultado realmente excepcional: 81% de los votos. Tras dos mandatos, ¿a qué atribuye este éxito?
-Este resultado excepcional, teniendo enfrente a la unión de la izquierda de un lado y a Agrupación Nacional del otro, lo atribuyo ante todo a un método y un espíritu que mantuve constantes desde el principio: trabajar, trabajar y trabajar para concretar los compromisos que asumimos con Cannes, y rendir cuentas de lo que hacemos. Con mi equipo impulsamos el progreso de la ciudad y la hicimos más atractiva. Bajamos los impuestos y la deuda, recortamos el gasto y mejoramos la calidad de vida.
Nuestros resultados electorales demuestran también que una propuesta de derecha clara e independiente puede obtener un amplio apoyo. Además, mantengo la coherencia entre las ideas y las acciones. Encaro cada campaña es como si fuera la primera, por respeto a los votantes. No voy con un catálogo de promesas electorales: les presento un programa sumamente preciso, una hoja de ruta para todo el mandato. Este método también se basa en una fuerte presencia territorial: hacemos grandes actos, por supuesto, pero también muchas reuniones con vecinos en sus casas y departamentos, que permiten un diálogo directo. Nunca damos nada por sentado. Y lo más importante es ser sincero, saber decir que no y predicar con el ejemplo.
¿Cómo ve usted a Francia y cuáles son sus principales desafíos? ¿Estamos en la recta final de la era Macron?
-Hemos llegado al final de tres ciclos, cada uno con su temporalidad. El primero es el de la europeización del mundo: estamos presenciando el declive del poder y la influencia del continente, y también de Francia. El segundo es el del Estado de bienestar, un modelo obsoleto de redistribución que está arruinando al país y empobreciendo a los franceses. Y el tercero es el del macronismo, un paréntesis en la historia política reciente, que ha acompañado e incluso agravado la decadencia de Francia en todos los ámbitos.
Francia sigue siendo una gran nación, pero está considerablemente debilitada por males que la aquejan desde hace al menos cuatro décadas, y que la clase política que se sucedió en el poder, sea de izquierda o de derecha, no ha logrado solucionar. Los retos que afrontaremos durante el próximo mandato son muy claros, y colosales. Hay que sanear las finanzas públicas, liberándonos de la espiral de gasto ineficiente, para restablecer la autoridad y la eficacia del Estado en sus funciones esenciales. Hay que volver a darle competitividad a nuestra economía, liberando el trabajo y la iniciativa privada. Y sobre todo, inspirar a nuestros hijos y nietos para que se proyecten plenamente en su país, en lugar de querer irse de él.
Esto requerirá abandonar un sistema colectivista e hipercentralizador, intrínsecamente ligado a la historia de Francia, que es un Estado-nación. La gran causa nacional de los próximos cinco años será la lucha contra la burocracia, que frena la acción pública y privada, obstaculiza la iniciativa y aleja a la ciudadanía de la toma de decisiones. Debemos acabar con esta farsa del Estado de bienestar y construir un Estado de rendimiento. Esto es precisamente lo que busco con Nueva Energía (Nouvelle Energie), el partido político que fundé.
Usted ha anunciado su candidatura a la presidencia de Francia para las elecciones de 2027. No es habitual que el alcalde de una ciudad mediana o pequeña se presente a las elecciones presidenciales. Pero usted también preside la Asociación de Alcaldes de Francia. ¿Qué pueden aprender los franceses de su gestión en Cannes?
- Por el contrario, creo que es una buena noticia que un alcalde se postule a la presidencia. Es un cambio en un sistema donde el poder está demasiado monopolizado por perfiles casi idénticos, que tienen una visión muy estatista y desconectada de la realidad. Y hoy vemos los resultados. Ser alcalde significa ejercer concretamente una responsabilidad que te confían los vecinos: administrar un presupuesto, liderar equipos, tomar decisiones que tienen efectos inmediatos en sus vidas. Vengo de la actividad comercial, donde aprendí a vivir de mis resultados y desarrollé un sentido de responsabilidad individual. Esto me brinda experiencia y, sobre todo, legitimidad basada en rendir cuentas.
En Cannes aplicamos principios sencillos pero exigentes, principios que siguen todas las empresas y comunidades bien gestionadas, y que deben trasladarse al ámbito del estado: gestión rigurosa de los fondos públicos, austeridad en el gasto y el presupuesto, alta exigencia hacia los funcionarios, y una cultura orientada a los resultados. Decir lo que se va a hacer, y hacer lo que se dijo. Además, Cannes no es la caricatura que algunos han creado. Es una ciudad de muchos contrastes, con tasas de pobreza e inmigración históricamente altas. Y precisamente en este contexto complejo demostramos que otra política puede producir resultados positivos. Que es posible gobernar con sentido común.
"La gran causa nacional de los próximos cinco años será la lucha contra la burocracia, que frena la acción pública y privada, obstaculiza la iniciativa y aleja a la ciudadanía de la toma de decisiones. Debemos acabar con esta farsa del Estado de bienestary construir un Estado de rendimiento."
¿Cree usted que llegó la hora de los alcaldes y las administraciones locales descentralizadas? ¿Francia debería reencontrarse con sus gobiernos en el territorio?
- Si bien existen contraejemplos, en general las administraciones locales (municipios) se gestionan mucho mejor que el Estado nacional, que está atrapado en una espiral infernal de gastos innecesarios, que lo llevan a retener cada vez más recursos municipales para financiar su ostentoso estilo de vida. Los representantes locales somos ciudadanos elegidos por otros ciudadanos, y les rendimos cuentas. Somos accesibles, estamos "a tiro de piedra" de nuestros vecinos, y por eso también mucho más en sintonía con las necesidades reales del país que los tecnócratas de París. Que no rinden cuentas a nadie y hasta se garantizan cargos para seguir en el estado cuando pierden las elecciones. Esta cercanía con la gente nos impone una exigencia de resultados que no podemos evadir.
Desde la Asociación de Alcaldes de Francia asumimos el rol de alertar sobre los problemas que sufrimos a diario en nuestros municipios, que van desde el crecimiento del narcotráfico hasta la acumulación de regulaciones. Estos temas, largamente ignorados, hoy están siendo reconocidos, aunque las respuestas del Estado nacional siguen siendo lentan y estatistas, y por lo tanto ineficaces. Hemos propuesto una amplia reforma por la libertad local, y logramos instalarla en la agenda pública.
La cuestión de fondo es el modelo. Francia debe dejar de funcionar según la lógica jacobina, vertical, donde todo pasa por París, y que perpetúa una casta proveniente de las mismas escuelas y los mismos círculos. Llegó la hora de acabar con este sistema endogámico y clientelista, y renovar las élites; tenemos que oxigenar la administración pública y el poder judicial.
Pero debemos ir más allá y realizar una profunda reforma territorial. Estoy a favor de reemplazar las actuales regiones y departamentos, que se han vuelto incomprensibles y redundantes, por provincias: entidades de tamaño intermedio, que se correspondan con las realidades históricas, culturales y identitarias de nuestro país. Esta reorganización se alinearía con el doble espíritu de racionalización y respeto por las identidades locales, que defendió Michel Debré, con el objetivo de lograr una gestión pública más clara, eficiente y cercana a la ciudadanía. Hoy en día, existen demasiados niveles de gobierno y demasiados intermediarios entre el Estado nacional y el ciudadano. Y esto aumenta el gasto público, diluye las responsabilidades y debilita la eficacia de la gestión.
Usted pertenece al amplio espectro de la derecha francesa. Si todos los partidos de derecha se hubieran unido en las elecciones municipales de marzo, tal vez habrían obtenido la mayoría de los votos. Pero está fragmentada y dividida. ¿Cómo percibe usted a la derecha francesa hoy en día?
-La derecha francesa es una mayoría sociológica representada por minorías políticas. Hay un problema de oferta, no de demanda. La porción de los franceses que desea un retorno del país al orden a través de la libertad y la responsabilidad, y que quieren su propia prosperidad, es ultramayoritaria.
El problema de la derecha francesa es que a menudo es en realidad de izquierda, es conformista, y a veces también es intelectualmente perezosa, atrapada en jueguitos de egos en el plano estratégico. Yo nunca formé parte de ese mundillo. La derecha que defiendo es clara, pragmática y liberal: menos gobierno, más libertad, y más autoridad donde sea necesaria. Quiero que dejemos de subvencionar a los ociosos y a quienes causan daño, y que liberemos a quienes trabajan y producen. No debemos solohablar: tenemos que proponer ante todo soluciones para reformar el Estado, descentralizar de verdad el poder público, aplicar el principio de subsidiariedad y desmantelar la burocracia que oprime a Francia desde hace décadas. La derecha debe asumir de una vez por todas los desafíos estratégicos vinculados a la inteligencia artificial, y el auge de la cuántica y la industria espacial, que, en conjunto, provocarán una gran revolución antropológica en la que Francia no puede ser una mera espectadora. Bueno, para defender ese proyecto con toda libertad fundé Nueva Energía.
Usted mencionó la necesidad de unir a la derecha francesa. ¿Cómo piensa lograrlo de cara al 2027?
- Ante la proliferación de candidatos legítimos de derecha, y dada la fuerza que hoy tienen Agrupación Nacional y La Francia Insumisa (hoy por hoy, el peor enemigo de la República), debemos ser lúcidos: si llegamos divididosa las elecciones presidenciales , corremos el riesgo de ser eliminados en la primera vuelta. Por lo tanto, debemos organizar unos cuartos de final para tener alguna esperanza de llegar a la semifinal. En la práctica, esto significa unas primarias abiertas y de gran envergadura, al estilo de las de 2016, que movilizaron a millones de franceses, y generaron un entusiasmo genuino. Aquellas primarias permitieron un debate entre proyectos y personalidades, y culminaron con la candidatura de François Fillon, quien no fue la opción del establishment ni de los medios, sino del pueblo. Desde entonces, el electorado de derecha se ha fragmentado, pese a que la mayoría de los franceses esperan respuestas sencillas de nosotros: mejores salarios, mejores escuelas para sus hijos y mayor seguridad. Estoy convencido de que el proyecto liberal centrado en la seguridad y la educación que yo defiendo es el único capaz de satisfacer estas expectativas y revitalizar el país. Y lo voy a impulsar, con o sin elecciones primarias.
"La porción de los franceses que desea un retorno del país al orden a través de la libertad y la responsabilidad, y que quieren su propia prosperidad, es ultramayoritaria."
Usted elogió al presidente argentino Javier Milei. ¿Qué ve en él?
- Ante todo, él tiene una visión clara de los principios de respeto a la libertad, la responsabilidad y la vida. Luego, veo en Javier Milei a un hombre que, en un país corrompido —en ambos sentidos de la palabra— por el colectivismo, tuvo el valor de atacar el gasto público, la burocracia, el capitalismo de amigos y todos los excesos que siempre caracterizan a los estados dirigidos por personas que creen que gobernar es igual a gastar a discreción, aumentar los impuestos y regular todo. Sus reformas ya han producido efectos positivos: millones de argentinos han salido de la pobreza y los alquileres, por citar solo un ejemplo, bajaron tras la eliminación de un sistema de control de precios inepto e ineficaz, que aún obsesiona a muchos políticos de nuestro país.
Javier Milei ha demostrado concretamente que el liberalismo puede funcionar. Y lo hizo allí donde el socialismo, en este caso representado por el peronismo-kirchnerismo -que es como el social-estatismo francés llevado al extremo— ha hecho retroceder varias décadas a un país que alguna vez fue uno de los más prósperos de Occidente. Milei está reconstruyendo a su país, y cabe esperar que esto despierte en el resto del mundo, como ya estamos viendo en América Latina, un renovado entusiasmo por los antiguos ideales de la libertad y la responsabilidad.
Su opinión sobre Milei es significativa, porque mencionó que la derecha francesa está estancada en el social-estatismo y el debate sobre el rol del Estado en la economía. ¿Cree que las ideas de Milei tienen impacto en este marco?
- La cuestión del rol del Estado es, desde hace mucho tiempo, la clave del estancamiento de la derecha francesa. Que critica la excesiva intervención del estado pero no se atreve a romper con la presión fiscal que la alimenta. Javier Milei demuestra que la disciplina presupuestaria, la libertad económica y la desregulación funcionan mejor que la sobreadministración y la asistocracia (N. de la R.: assistanat, en francés). La derecha francesa ha buscado por demasiado tiempo el favor de los votantes imitando a la izquierda, sobre todo en cuestiones económicas, y terminó adioptando sus dogmas y tabúes. Mientras tanto, en otros lugares los líderes supieron implementar reformas liberales, y estas fueron impulsadas tanto por coaliciones de derecha como socialdemócratas, como en los casos de Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en el Reino Unido, Jean Chrétien en Canadá o Gerhard Schröder en Alemania. La verdadera ruptura liberadora para mi país sería reconocer que el Estado debe concentrarse en sus funciones esenciales y, confiar en que el pueblo francés genere la riqueza. O sea, ¡dejarlos vivir en paz!
"La cuestión del rol del Estado es, desde hace mucho tiempo, la clave del estancamiento de la derecha francesa. Javier Milei demuestra que la disciplina presupuestaria, la libertad económica y la desregulación funcionan mejor que la sobreadministración y la asistocracia."
Milei no solo simboliza un programa económico: también representa una opción geopolítica. Alineado con las posociones de Estados Unidos e Israel, Milei considera que el libertarianismo es una defensa moral de los valores occidentales, y es uno de las principales aliados mundiales de Donald Trump. ¿Cuál es su opinión sobre la geopolítica de Milei?
- La doctrina internacional de la Argentina hoy abraza claramente una orientación occidental y, por lo tanto, una postura atlantista y un apoyo incondicional a la existencia del Estado de Israel, posiciones con las que coincido plenamente. Yo, por caso, no me reconozco con mucha afinidad intelectual ni política con Viktor Orbán, quien fue derrotado recientemente por los votantes húngaros, y cuyas posiciones y ambigüedades respecto a Rusia me generan serias dudas. Vladimir Putin es un adversario declarado de Occidente, y esto debe quedar claro. Además, Javier Milei es plenamente consciente de ello, como lo demuestra su firme apoyo a Ucrania frente a la agresión rusa. Francia también debe adoptar una línea más clara para romper con la farsa en que se ha convertido su política internacional en los últimos años. Debemos ser inflexibles con los antiguos imperios que pretenden vengarse y desafiar nuestros intereses estratégicos, como Rusia, por supuesto, pero también China en cierta medida, Turquía y, en otra magnitud, Irán, al que esperamos ver pronto sumándose al bando de la libertad.
En la era Trump, Francia parece encontrarse en un punto de inflexión geopolítico, al igual que la derecha francesa. Algunas facciones, sobre todo dentro del ala más tradicional de Agrupación Nacional, se muestran más inclinadas a abrazar un nacionalismo autárquico, hostil a Estados Unidos, mientras que otras creen que el patriotismo de la derecha actual debería alinearse con Trump y sus propuestas prooccidentales. ¿Cuál es su visión? ¿Cómo debería ser la geopolítica de esta gran coalición de la derecha francesa, que usted imagina para 2027?
- ¿Cuáles son los intereses de Francia? Toda estrategia geopolítica debe basarse en esta pregunta. Debemos defender una determinada visión de la civilización europea, fundamentada en el Estado de derecho, la libertad y la responsabilidad individual. Esta civilización se sustenta en intereses y valores compartidos, que deben guiar tanto nuestras alianzas como nuestras elecciones estratégicas.
"La doctrina internacional de la Argentina hoy abraza claramente una orientación occidental y, por lo tanto, una postura atlantista y un apoyo incondicional a la existencia del Estado de Israel, posiciones con las que coincido plenamente."
Francia, otrora gran potencia, se encamina ahora a convertirse en un Estado vasallo, un hecho que se evidencia de forma muy concreta en el campo digital, dominado tanto por las plataformas estadounidenses como por los logros tecnológicos de China. Defender nuestra posición exige recuperar nuestra soberanía, lo que a su vez requiere una ambición industrial y científica líder, capaz de competir con las grandes potencias. Hay una ambición francesa que debemos recuperar. Francia no es un país más, tiene una voz singular que llevar al mundo. Esto se debe a su historia, su cultura, su idioma que se habla en todos los continentes, pero sobre todo a su universalismo, que se niega a definir a las personas por su origen, su color de piel o su comunidad. Este es un mensaje poderoso y único, que Francia debe seguir defendiendo.
A esto se suman activos excepcionales, que son su geografía, un patrimonio incomparable y una calidad de vida que, si se preserva y potencia, puede seguir siendo inigualable en el mundo. Esto también es poder: la capacidad de atraer y hacer vivir un modelo deseable. En resumen, la línea geopolítica debe ser: francesa, europea y occidental. Francesa, porque debemos ser responsables de nosotros mismos. Europeo, porque nuestro poder también depende también de una cooperación reforzada. Y occidental, porque compartimos una base de valores e intereses que sería irresponsable negar. Es este equilibrio, compuesto de independencia, alianzas y poder, el que debe guiarnos para afrontar los retos de 2027 y del mundo venidero.