El aumento de los precios del combustible está sacudiendo a Francia y Europa
Sir Afuera
29 de marzo de 2026
Menos del 10% en España, 25 céntimos en 20 días en Italia, 9 céntimos por litro de gasolina en Suecia, un escudo de precios compensatorio equivalente al aumento de precio mediante una reducción de impuestos en Portugal: Estocolmo, Roma, Madrid y Lisboa demuestran que se puede utilizar la política fiscal estatal para contrarrestar el alza de los precios de los combustibles en Europa. Y, de esta manera, reducir la excesiva presión fiscal del Estado sobre los ciudadanos.
En esta serie de medidas gubernamentales europeas, consecuencia de la guerra en Irán, destaca un país: Francia. En Francia, los impuestos obligatorios alcanzan el 43,9% del PIB según el proyecto de presupuesto de 2026, y los impuestos estatales, incluidos el impuesto especial sobre los productos energéticos (antes TICPE) y el IVA, representan aproximadamente entre el 50% y el 56% del precio en el surtidor.
Francia vivió el movimiento de los Chalecos Amarillos, un movimiento ciudadano surgido tras el aumento del componente de carbono del TICPE (impuesto interno sobre los productos petrolíferos) a 6,5 céntimos de euro por litro de diésel y 2,9 céntimos por litro de gasolina, pero parece que las lecciones no se han aprendido. El Estado francés incluso grava a los consumidores dos veces. Al repostar, el Estado se queda primero con el dinero, pero el IVA se calcula no solo sobre el precio de la gasolina, sino también sobre el impuesto sobre el combustible. Es un doble golpe: un impuesto estatal sobre otro impuesto.
Los contribuyentes se dan cuenta, por tanto, de que cuanto más suben los precios del combustible, más rico se vuelve el Estado, y no será una política de controles la que les permita arrebatarle al Estado sus ya vacíos bolsillos. La excesiva tributación de la energía es, objetivamente hablando, un error. Revertir las prácticas actuales ayudaría a recuperar el poder adquisitivo y a impulsar la confianza entre los agentes económicos, especialmente porque el combustible es un gasto necesario para muchas actividades cotidianas, ya sean familiares, profesionales o personales.
Los precios del combustible están alcanzando máximos históricos en Francia y es probable que sigan subiendo en el contexto internacional, pero sobre todo, ponen de manifiesto las características de un empobrecimiento generalizado y forzoso de los ciudadanos, que así comprenden el precio que deben pagar por un Estado sobredimensionado que grava excesivamente a los agentes económicos, ilustrando la curva de Laffer como nunca antes.