Implicancias estratégicas de la guerra en Irán para América Latina

 Evan Ellis

4 de marzo de 2026

La Operación Conjunta Estados Unidos - Israel en Irán está en sus fases iniciales. Ya ha eclipsado las operaciones estadounidenses en el Caribe como la acción militar más significativa de la segunda Administración Trump. El Presidente ha indicado que la misma podría continuar durante varias semanas. 

La respuesta del régimen iraní, lanzando ataques masivos tanto contra Israel como contra países de la región que albergan fuerzas estadounidenses, o que percibe como apoyos a la campaña militar contra él, sugiere un riesgo serio de que el conflicto pueda escalar, con impacto en el comercio internacional y en el sistema económico y financiero global. Este artículo ofrece un primer vistazo a los posibles impactos estratégicos del conflicto en América Latina, y se basa en el excelente análisis sobre este tema realizado por James Bosworth, fundador de Hxagon y autor del Latin American Risk Report, una de las mejores newsletters de riesgo político especializadas en la región.

ONDAS EXPANSIVAS ECONÓMICAS: ENERGÍA Y LOGÍSTICA

A corto plazo, los impactos del conflicto probablemente serán principalmente económicos. Los precios del petróleo ya están subiendo y podrían incrementarse significativamente si Irán cierra el estrecho de Ormuz, creando dificultades para los países dependientes del petróleo del Caribe y Centroamérica. 

Las interrupciones en los flujos logísticos internacionales entre la región y Asia podrían volverse más sustanciales, con impactos en precios e inventarios, si un conflicto cada vez mayor pone en riesgo los tránsitos por el Mar Rojo, el Canal de Suez y otras rutas marítimas internacionales clave.

RIESGOS DE SEGURIDAD: LAS REDES DE HEZBOLÁ Y LAS REPRESALIAS

El proxy iraní Hezbolá tiene una presencia de larga data en América Latina, que ha utilizado para financiar las actividades de la organización en Oriente Medio y, ocasionalmente, para el terrorismo, incluyendo ataques contra la embajada israelí en Buenos Aires en 1992 y el centro comunitario judío AMIA en 1994. 

Las acciones israelíes contra el grupo en Líbano e Irán en 2024-2025 han debilitado considerablemente a la organización. Asimismo, la derrota política del gobierno del MAS en Bolivia y la acción militar estadounidense capturando a Nicolás Maduro en Venezuela en enero de 2026 han eliminado a dos ambientes amigos cuya negligencia o facilitación le daba margen de maniobra en América Latina. Los gobiernos proisraelíes en Paraguay y Ecuador que cooperan estrechamente con Estados Unidos también han reducido las opciones del grupo. 

Las acciones terroristas de Hezbolá y otros grupos subalternos de Irán en América Latina son posibles. Aún así, la probabilidad de un ataque terrorista exitoso a gran escala como parte de una represalia iraní luce limitada. No obstante, esto no elimina la probabilidad de que se produzcan protestas contra la guerra en la región, como también ocurrió durante la campaña de Israel contra la organización terrorista Hamás en Gaza.

EFECTOS DE GOLPE EN EL HEMISFERIO

Desde una perspectiva política más amplia, el actual régimen liderado por Delcy Rodríguez en Venezuela, y sus contrapartes autoritarias en Cuba y Nicaragua, pueden percibir que la atención y presión sobre ellos desde Washington se reduce. Cada uno de ellos sentirá la tentación de consolidar sus posiciones y testear si acaso el entorno estratégico giró a su favor.

Aunque algunos activos militares estadounidenses, como el Grupo de Ataque del Portaaviones Gerald Ford, hayan sido retirados desde el Caribe hacia Medio Oriente, la atención estadounidense hacia la región probablemente se mantendrá. El equipo del Departamento de Estado para América Latina, cuyos niveles altos tienen amplia experiencia en la región, se queda allí. Y el presidente Trump ha demostrado su habilidad para pivotear la atención entre regiones según las necesidades del momento. 

La cumbre en Mar-a-Lago entre Trump y sus principales socios de las Américas, programada para este 7 de marzo, será un indicador clave de cuánto mantiene Washington su foco en la región, y cómo lo hará. La agenda hemisférica puede quedar influida por los acontecimientos en Medio Oriente, y no necesariamente desplazada por ellos. Aun así, el avance de las agendas bilaterales que requieren aprobación de la Casa Blanca puede ralentizarse, porque un conflicto mayor estará consumiendo la atención de los grandes decisores.

CÓMO PODRÍA EVOLUCIONAR LA GUERRA 


Paradójicamente, la fase actual de la guerra en Medio Oriente podría estar limitada en alcance y duración, y aún así cambiar la dinámica de la región.


Este conflicto trae consigo altos riesgos de violencia política secundaria en Irán, y de que el gobierno que venga sea autoritario, en lugar de uno que transiciona a la democracia. Muy probablemente Irán ya había activado un plan de sucesión y prediseñado un esquema de represalias antes del inicio del ataque. Sin embargo, la aparente efectividad de la campaña militar estadounidense-israelí sugiere que los recursos misilísticos y de drones de Irán disminuirán pronto. Y que su liderazgo, decapitado y con capacidades de comando y control diezmadas, será cada vez menos eficaz a la hora de planificar y ejecutar operaciones. Si el conflicto continúa, Irán va a degradarse hacia una campaña de respuestas terroristas de menor nivel.


Muchos iraníes desprecian el corrupto régimen clerical del país, y anhelan un cambio político. Pero no está claro que estén organizados para tomar el poder. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (CGRI) y sus milicias Basij tienen una presencia descentralizada en todo el país. Aun cuando la campaña militar en curso puede socavar sus capacidades, una fuerza altamente ideológica como esta no se disuelve tan simplemente. Sobre todo si las potencias atacantes, Estados Unidos e Israel, son caracterizadas como "enemigas de la fe".


Un resultado probable de la presente campaña es el reemplazo del régimen teocrático actual por un gobierno autoritario, que sea capaz de restaurar la estabilidad a través de la coerción, y que a su vez esté dispuesto a llegar a un acuerdo con la Administración Trump para cesar el apoyo al terrorismo islámico radical y abrirse a las inversiones occidentales en el sector de energía.

LA RELACIÓN CHINA - ESTADOS UNIDOS E IMPLICANCIAS PARA LA MONTAÑA RUSA POLÍTICA LATINOAMERICANA 

Un resultado así probablemente impulsaría el auge económico y político de los estados árabes moderados del Golfo, alineados con Washington, consolidaría la seguridad israelí, y allanaría el camino para un nuevo Acuerdo de Abraham. También significaría un revés estratégico para China. Primero, por la suba de los precios del petróleo, y luego por la pérdida de Irán como proveedor y cliente clave, ya que la República Islámica es un mercado para los bienes y servicios chinos, y también para sus proyectos de infraestructura.

Para América Latina, dicha cadena de acontecimientos sería una montaña rusa política. Inicialmente, sus gobiernos de izquierda -Brasil, Colombia, México y algunos estados caribeños- elevarán la voz sobre el costo humano de la guerra, criticarán la falta de resultados en materia de democracia, y advertirán sobre el impacto de la suba o la escasez de petróleo en sus economías. A su vez, los regímenes de Nicaragua y Cuba -y posiblemente Venezuela- pueden buscar posicionarse como desafiantes y resistentes a Washington. Pero dentro de algunos meses, el cuadro podría ser diferente. Si Trump sale triunfante de la operación en Irán, volverá a depositar toda su atención sobre los actores autoritarios y recalcitrantes del hemisferio, mejorando la suerte política y económica de los países alineados como Argentina, Paraguay, Ecuador y Chile, y también de gobiernos potencialmente amigos que puedan surgir en Colombia y Perú. Y en Brasil, el gobierno de izquierda enfrentará las elecciones de octubre de 2026 bajo condiciones más desfavorables, incluyendo la pérdida de un socio del BRICS en Irán. 

Dentro de Estados Unidos, los impactos económicos de la guerra, y los debates sobre la cantidad de bajas, las controversias jurídicas y si acaso la operación fue un éxito o un fracaso, todo ello probablemente influirá en las próximas elecciones de medio término, el control del Congreso, y su margen de maniobra para implementar su agenda en América Latina durante la segunda mitad del mandato de Trump.

Ninguna de estas dinámicas aliviará el dolor económico de corto plazo que sufrirán aquellos estados latinoamericanos sensibles a los precios del petróleo, ni tampoco las presiones provenientes del aumento de los costos de los alimentos y el transporte, o de las protestas sociales. Irónicamente, América Latina podría entrar a la segunda mitad del año 2026 bajo un estrés económico y social significativo, y dividida respecto al rol de Estados Unidos en el conflicto, pero con la mayor cantidad de gobiernos dispuestos a colaborar con Washington de la historia reciente, aún cuando la actitud global de Estados Unidos es la más fuerte en mucho tiempo.