Primero Argentina. 

El abusado fui yo

En Argentina, una JustIcia de Familia atravesada por la ideología de género menosprecia los derechos de los hombres a la paternidad. Como yo, miles de papás no podemos ver a nuestros hijos en el marco de procesos abusivos y discriminatorios. En esta nota cuento mi historia personal, que pienso llevar al plano político. 

Nicolás Mattiauda

11 de febrero de 2025

La Justicia menosprecia el rol del padre. Asume que el cuidado personal de un hijo siempre lo realiza mejor la mujer. Hoy, aprovechando estos tiempos donde se discute nuevamente la igualdad del hombre y la mujer ante la ley, tenemos que debatir el estado actual del Derecho de Familia y sus implicancias en la crianza de los niños. En especial, sobre lo que ocurre mientras se extienden los procesos judiciales familiares, que en los hechos siempre nos afectan a los que somos papás. 


Les voy a contar mi historia. Hace más de dos años, en octubre de 2022, decidí separarme de quien entonces era mi pareja. Fueron muchos los desencuentros, que incluyeron violencia física (de ella hacia mí).  Al tomar la decisión, lo hice suponiendo que lo que vendría después era un acuerdo sobre cómo compartir el cuidado y la crianza de nuestro hijo, que en ese momento tenía 4 años. Jamás imaginé que mi paternidad se vería interferida por el hecho de terminar mi relación de pareja. 


Pocos meses después comenzó mi infierno judicial. En febrero del año 2023 inicié un juicio para obtener un régimen de comunicaciones con mi hijo, ya que después de la separación mi expareja me impedía verlo. Naturalmente, inicié el expediente judicial para destrabar la situación. Pero el resultado fue exactamente el contrario: utilizando un truco de manual, que ya se ha hecho costumbre cuando intervienen ciertos "profesionales de la ley" que patrocinan a las mujeres que se separan, mi expareja respondió con una denuncia por "violencia de género". Tras ello, en forma inmediata e invocando un caracter preventivo, y sin más que la manifestación de la denunciante, la Justicia me aplicó una "perimetral con impedimento de contacto por 180 días". ¿Qué significa eso? Que yo tenía prohibido acercarme a ella, o contactarla, durante seis meses (que luego se pueden renovar). Y dado que nuestro hijo vivía con ella, eso hizo prácticamente imposible que yo lo viera a él. Simultáneamente, inicié yo de forma voluntaria el expediente para determinar la cuota alimentaria para nuestro hijo, pero eso no modificó la situación de nuestro vínculo. Seguí sin verlo.


La estrategia de mi vengativa expareja y su inescrupuloso abogado, que persigue el descarado objetivo de sacarme toda la plata posible y usa a nuestro hijo como arma de extorsión, se basa en promover una maraña de juicios simultáneos para que el litigio sea permanente y la fecha del reencuentro entre mi hijo y yo se prorrogue hasta el infinito, dada la renovación automática de las "perimetrales". Nuestro "conflicto" ya tiene causas de compensación económica, "violencia de género", atribución de vivienda, desalojo..., todo plagado de medidas cautelares. La Justicia  no resuelve integralmente un tema de adultos, y el niño pierde su derecho a tener plenamente a su padre.


La ideología de género produce esta oportunidad de abusarse del sistema y violar derechos de los hombres masivamente, con la excusa de estar protegiendo un derecho supuestamente superior: el de la persona que ostenta el cuidado personal de los niños, que es la madre. El dominio monopólico de los "derechos de la mujer" se convierte en la pérdida de derechos del hombre, quien ve suspendidas todas sus garantías  mientras duran los eternos juicios, a la espera de la sentencia reparadora. Mi hijo ya tiene 7 años y olvidó lo que es el contacto fluido con su papá. 


El Código Procesal de Familia está lejos de resolver en tiempos razonables los problemas de las familias rotas. Es sentido común que, mientras dura un litigio entre adultos, el papá y la mamá de un niño se distribuyan en partes iguales las responsabilidades, los tiempos de convivencia y el mantenimiento del hijo en común. Pero esto casi nunca ocurre: el padre pierde siempre. Llevo más de dos años tratando de ver a mi hijo.


¿Cómo es posible que un proceso judicial obstruya la relación entre un padre y su hijo, si ésta no está en cuestión, como es nuestro caso? No existe ninguna justificación de esta situación atroz, que sufrimos miles y miles de varones. Recorrí los juzgados con innumerables denuncias contra la madre de mi hijo para hacer valer mis derechos como padre: desde impedimento de contacto, hasta hacer valer mi derecho de participar en decisiones básicas sobre la crianza de mi hijo, que hoy no tengo (por ejemplo, la mamá de mi hijo ya lo cambió cuatro veces de colegio en solo un año, sin mi consentimiento). Y tantas más. Todas infructuosas: la contracara del excesivo privilegio de las madres en el Derecho de Familia, bajo la hegemonía de la ideología de género, es la nula atención que nos prestan a los padres cuando reclamamos por nuestros derechos más básicos.  


No hay igualdad ante la ley mientras la ley sea desigual. En Argentina, las personas ya no somos iguales. Para la Justicia y todos sus institutos asociados (policía incluida), el varón es considerado a priori como el victimario de la mujer, y sufre un tipo de injusticia muy dolorosa: una que es ejecutada por la Justicia misma. Y los caranchos de la ideología de género, que conocen la perversidad del sistema, se abusan de todo esto para hacer negocios con el dolor de los padres.  


Personalmente, viví todo tipo de situaciones traumáticas e increíbles  durante estos dos largos años. Y mi experiencia me llevó también a conocer de cerca e interiorizarme sobre innumerables casos de otros hombres maltratados, sacados de sus casas con lo puesto por agentes de policía entrenados para "proteger a las mujeres de los hombres", que pierden su vivienda o bienes preexistentes como consecuencia de las falsas denuncias de "violencia de género".  Y todo esto, tengámoslo claro, tiene su origen en una ideología que se proclama feminista e igualitaria pero que en realidad creó nuevas desigualdades, y oportunidades de abusos y extorsiones, que se aprovechan del sufrimiento de los papás. Extorsiones a las que se dedican los abogados más nefastos de nuestro país.


El temor a hablar de todo esto, en los años de la hegemonía de la ideología de género, por suerte está terminando. Ya empezamos a desandar este camino que llevó a que se cometan miles de injusticias en todo el país. Y crímenes horrendos, como el de Lucio Dupuy. Desmontar esa ideología tremenda y restituir el derecho de los varones hoy se convirtió en una lucha por los más básicos derechos humanos e individuales. Así como luché y sigo luchando por mi derecho a la paternidad, y por el derecho de mi hijo a tener a su padre, les prometo que voy a dar la pelea necesaria para que nadie más sufra lo que sufrí yo.

El patriarcado no existe más La industria de la violencia de género Hormonización temprana